Soldadera: from Lazara Meldiu's Flechas

 When I was getting my graduate degree, one of the best experiences I had was transcribing and translating several poems from a book of work called Flechas, by an exceedingly obscure Mexican poet named Lazara Meldiu. 

I first learned about Meldiu while reading Beth Miller's Women in Hispanic Literature: Icons and Fallen Idols. Miller made a quick mention of Meldiu's poetry in reference to a point she was making about women writer's challenging social norms through their writing. It was the cheeky attitude that Miller described Meldiu's writing as that piqued by curiosity: 

"Many women writer's have explored ways to 'de-create,' rejecting and/or interrupting myths and images of women and men in literature. The delightful poem 'Caballero' by the forgotten Meldiu is an example of early twentieth-century underground women's poetry in Latin America. The poem is traditional in form, but not in its statement, which is elegantly defiant and devastatingly ironic and witty about patriarchy, and by extension, patriarchal poetry." 

-Beth Miller, Women in Hispanic Literature: Icons and Fallen Idols

I sought to find out as much as I could about Meldiu, and worked tirelessly for nearly a whole semester to get my hands on a printed copy of her work. It was finally through my University's inter-library loan program, and the help of some bad-ass librarians, that I was able to temporarily hold one of Meldiu's works: Flechas. 

In honor of International Women's Day, I wanted to treat my readers to two excerpts from Flechas. Because it is so incredibly hard to learn or get copies of Meldiu's work, I'm sharing these poems here so that you may enjoy her wit and writing as much as I do. On a day of celebrating women's lasting marks on history, let us not neglect to acknowledge or seek to find those voices who have gotten covered, obscured, or in Meldiu's case, forgotten, through time. 

Soldadera

 

Mujer de mi raza,

vibración en carne belicosa y fuerte,

ternura en los labios,

pasión en el pecho,

cansancio en la frente.

En los ojos

una larga peregrinación de sueños,

y dentro del alma un canto escondido

que brota en la noche junto del vivac,

al pie de la tienda de su batallón,

canto de su pueblo,

canto de su sangre,

de su corazón,

plástica figura de los cuadros rojos

que pintó en la sierra la Revolución.

Soldadera,

heroica matrona

de alcurnia de águilas,

de sangre de selvas

y voz de montañas;

mujer hecha símbolo

que subraya el paso de nuestras campañas.

Soldadera:

Se enrosco en tu brazo

el rebozo típico de "Santa María"

y sirvió de cuna al "chilpayatito"

que nació a la vera de la serranía.

Pura mexicana, grande en su miseria,

inmensa en su amor, única en la historia,

magnífica y fuerte

llevando ignorada un sello do gloria,

marcando en el campo con su andar ligero,

la brillante huella de cada victoria.

Soldadera noble

que lleva heráldica de sus cicatrices,

que reta a la vida junto al moribundo,

que los mismo arrulla que abre una fosa,

que lo mismo canta que asalta un retén;

Soldadera hermana,

ha llegado el tiempo de soltar la carga

de las amarguras,

ya sonó la hora de los triunfos hechos,

ya trillan el campo los nuevos barbechos,

ya el maíz se dora

en la sementera.

Ven, ven de nuevo al río

a ver cómo juega tu pequeño "juan",

el chiquillo alegre que naciera un día

a la sombra eterna de la serranía,

sobre tu rebozo de Santa María.

Soldadera:

ingenua Adelita de la división del Norte,

Valentina trágica,

"albures de amor" sobre las llanuras

blancas de Coahuila;

canción hecha vida

en la augusta hora de las rebeldías.

hermana gemela de Josefa Ortiz;

aliento en el pecho de los oprimidos,

adorno en las fábricas,

grito en las trincheras,

gesto hecho bandera

en las manos trémulas

de la venerable Lucrecia Toriz.

Madre Soldadera

que cayó enredada con una bandera,

coágulo la boca

con una palabra.

bendiciendo al hijo,

recordando al paria.

Fecundó la tierra tu sangre

y crece

una amapola que se ofrece

al sol.

Ya despierta el día

con la diana

en vuelo,

ya se apagó el fuego

que alumbró la tienda de tu batallón;

Soldadera hermana, Soldadera madre,

ardiente figura de los cuadros rojos

que pintó en la sierra la Revolución.

 

 

Soldado

 

Soldado raso:

Sólo tú no has tenido glorificación

sólo tú has pasado inadvertido,

tú que en verdad hiciste la Revolución.

Tú que a los matorrales convertiste

en parapetos trágicos

y que en la serranía

tus pies fueron marcando

un sendero de triunfos.

Pasaste a media noche

la negra encrucijada

de una hora esperada

en el fortín;

y en tu avanzada

la voz de tus alertas aguzaba la sombra

como un puñal tendido.

Tu no has sabido nunca del festín

que gozaron los que te hicieron "juan"

tu no tienes mañana ni presente,

ni llegarás en la quinta,

a cubrir la cuenta

que siempre está pendiente.

Tú que de los botines

con que se enriquecieron

algunos malos jefes

sólo participaste

cargándolos al hombro.

Soldado raso:

tu patrimonio es un triste uniforme

y un fusil,

u una recia ordenanza

que cumplir,

sin tener días de fiesta

ni esperanza

de ascensos.

Tu no puedes pedir porque no te oyen,

y sólo eres un arma de defensa

en manos del que manda.

Siempre serás el mismo; olvidado

y en el húmedo cuartel,

con tu vieja cobija y tu buena mujer,

únicas compañeras desde hace muchos años.

Siempre serás el mismo, soldado raso;

tu que no has tenido glorificación.

y que pasas revista inadvertido,

gritando en la humildad de tu silencio

que solo tú pudiste darle el triunfo

a la Revolución.

 

Erin E BarrioComment